CASA DE CAMPO EN EL ESCORIAL

En esta casa de campo huele a madera, a hojas de encina y a tierra.

Construida por sus propietarios en el año 1976, permanece en la actualidad donde conviven como materiales la piedra, autóctona de la zona, El escorial, la madera y la teja rojiza. Tres colores que empastan muy acordemente con los verdes de las encinas que recorren toda la finca.

El estudio Marta Labrador propuso una breve rehabilitación que se ejecutó desde Artemade & Gemar tanto en interior como en exterior.

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En el exterior una pasarela en madera de iroko las dos alturas, un vivero de madera con techo de vidrio y una puerta de madera con ventanuco de hierro. También se construyó un pórtico con una puerta de madera rescatada de un antiguo convento. Este pequeño espacio aporta calidez para las reuniones familiares cuando llega el buen tiempo. Finalmente, una escalera con pasamanos de madera de iroko embellece su entrada y empasta con el escenario exterior.

En su interior, se transformó un comedor recuperando una mesa antigua contemporaneizándola con una laca negra mate. También, un gran banco inglés en formato XL y unos textiles acordes con la paleta de fuera y de dentro, con mucho verde y un toque en mostaza, en estores y cojines. En el salón cambiamos el mobiliario, aportando nuestra mesa Yida, recuperamos un diván antiguo y pusimos todos los textiles en un color crudo suave.

Transformamos rotundamente unos de los dormitorios, adjudicándola con un nuevo diseño a los más pequeños de la familia. Con un mural de paisaje africano, ellos mismos eligieron sus animales preferidos. Diseñamos las camas enteladas y lo completamos con unos armarios también entelados. Textiles que fueron aportados por Pepe Peñalver tanto en cojines, armarios, camas como en cortinas. Toda la estancia respetaba la paleta de color, siendo una habitación compartida donde disfrutar y soñar.

La buhardilla la conservamos prácticamente porque, aunque fuera diseñada por sus propietarios hace más de cuarenta años, su estilo se mantiene actual gracias a la visión adelantada de sus dueños. Únicamente se reemplazó la moqueta por una nueva del mismo color y los textiles de cojines y estores. Además de restaurar alguna pieza como la mesa de juego y las sillas.

Esta pequeña casita pudo cumplir una función muy especial durante la pandemia, hizo de pequeña escuela para los dos más pequeños de la casa.